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Este artículo fue publicado originalmente en Common Edge bajo el título "When It Comes to Climate Change, Traditional Practice Is Broken."

Los diagnósticos sobre diseño sostenible en Estados Unidos se presentan, para muchos, como una especie de test de Rorschach. Por un lado, pareciera que el sector de la construcción avanza con pasos firmes hacia objetivos de emisiones de carbono nulas, pero por el otro, pareciera que la disciplina evoluciona con demasiada lentitud, sin lograr alcanzar los objetivos clave mientras el reloj ecológico sigue avanzando sin detenerse. La verdad desconcertante de todo esto es que ambas perspectivas son aparentemente ciertas. En las últimas décadas, el sector se ha vuelto mucho más eficiente desde el punto de vista energético. Hemos aumentado el número de edificios aplanando la curva energética y el costo de las energías renovables sigue bajando. Pero se necesita mucho más, y mucho más rápido. También, todavía siguen existiendo enormes obstáculos. Sin una red renovable y códigos energéticos estrictos, es difícil ver cómo podremos descarbonizar completamente el sector de la construcción incluso en 20 años, y mucho menos en el plazo sugerido por los científicos del clima. Es el clásico escenario de buenas y malas noticias (o viceversa, según el estado de ánimo)

En 2009, el AIA lanzó su Compromiso 2030, un programa creado en colaboración con Architecture 2030 que establecía una serie de puntos y estrategias de referencia para la reducción del uso de energía en la arquitectura. Su objetivo era lograr que el sector de la construcción se transformara en carbono neutral para el año 2030. Hasta la fecha, 822 empresas han firmado el compromiso de manera voluntaria. A pesar de esta buena noticia, de las 311 que brindaron informes sobre su uso energético, sólo 27 empresas cumplían con la reducción energética del 70% establecida en el compromiso (nota: esa cifra podría ser algo mayor, porque las energías renovables no se incluyeron en los informes); En el caso de empresas de más de 100 años, sólo dos empresas, Mithun , logaron alcanzar ese objetivo. Hace poco me puse en contacto con Dan Heinfeld, presidente desde hace mucho tiempo, para preguntarle cómo logró alcanzar estos objetivos y por qué el resto del sector, a pesar de sus buenas intenciones, se está quedando atrás.

Martin C. Pedersen (MCP): El año pasado, de las 311 empresas que brindaron información sobre sus consumos energéticos, menos de 30 alcanzaron el objetivo pautado en el Compromiso 2030 de la AIA. ¿A qué cree que se debe esta cifra tan baja?

Dan Heinfeld (DH): El modelo tradicional para construir, donde un estudio de arquitectura diseña un proyecto y luego reúne a un grupo de consultores y empresas externas para materializarlo, simplemente no funciona. Nuestra búsqueda de reducción de energía fue una de las principales razones por las que decidimos convertirnos en una empresa integrada. Esta es la única manera de avanzar de forma significativa hacia nuestros objetivos de energía cero. En el mundo tradicional el arquitecto se encarga, en el mejor de los casos, del desarrollo esquemático y conceptual -o incluso de la totalidad del diseño-, antes de involucrar a un equipo de consultores. En ese momento, el proyecto ya está hecho. El consultor no puede hacer ningún aporte real sobre el proyecto. Antes de integrarnos, chocábamos constantemente. Los consultores normalmente no querían trabajar en el proyecto hasta el final, cuando los arquitectos habían terminado su trabajo, para no tener que volver a dibujar. Conseguir que participaran libremente de manera colaborativa en las primeras fases del proceso, parecía difícil, si no imposible. Nos dimos cuenta de que no queríamos contratar simplemente a consultores, sino que queríamos que los mismos fueran nuestros socios.

MCP: ¿Por qué la industria de la construcción es incapaz de cumplir con sus objetivos climáticos, a pesar de considerarlos una prioridad?

DH: El AIA sólo ha empezado a darle prioridad a este tema en los últimos tiempos. Entre las medidas recientes del AIA se encuentran la aprobación de la iniciativa de acción climática, la adopción del Marco para la Excelencia en el Diseño (Framework for Design Excellence) y la creación de la aplicación Common para medir la sostenibilidad en los programas de premios. El Compromiso 2030, a diferencia, es totalmente voluntario. Las empresas pueden firmar el compromiso y sentirse bien con ello pero sin necesidad de informar sus resultados, y mucho menos sin la obligación de cumplir con el compromiso. Me han dicho que cuando se adoptó originalmente, el Compromiso 2030 era una aspiración, y para muchos lo sigue siendo. Pero lo "aspiracional" no cambia la realidad.

Creo que dos cambios en el Compromiso 2030 serían suficientes para acelerar el progreso. En primer lugar, el compromiso debería dar alguna clase de crédito a los equipos de proyecto que incluyan -o consideren la futura inclusión- de fuentes de energía renovable, incluso habiendo alcanzado el 70% de eficiencia energética en el proyecto. El compromiso debe tener en cuenta que la neutralidad de carbono no puede darse sin que la energía renovable forme parte de la ecuación. Los componentes de energía renovable deben formar parte del presupuesto del proyecto.

No es posible lograr una reducción de energía por encima del 70-75% solo con medidas de conservación. En 2020, el compromiso aumentará los valores de reducción al 80%, y probablemente no alcanzaremos esos objetivos a menos que los clientes estén dispuestos a añadir fuentes renovables. Estamos preparando nuestros edificios para el futuro, incorporando infraestructuras que permitan añadir paneles fotovoltaicos en las obras. La intención es que los propietarios de los edificios puedan incorporar estos elementos cuando su presupuesto se lo permita, ya que estamos seguros de que estos sistemas se abaratan y la adición de las renovables tendrá una amortización más atractiva.

En segundo lugar, el AIA tiene que demostrar que el Compromiso 2030 es una prioridad, haciendo que el valor de eficiencia del 70% en un proyecto sea un requisito para todos los programas de premios de arquitectura nacionales, estatales y locales del AIA. 

MCP: Usted ha dicho que "la práctica tradicional está obsoleta y no puede abordar los problemas que necesitamos en el mundo actual". ¿En qué sentido cree que está obsoleta?

DH: No es posible responder a los problemas de diseño actuales vinculando equipos que no comparten los mismos valores organizativos o tienen diferentes enfoques. Las mejores estrategias para enfrentar el reto climático de nuestro entorno construido son la integración y la colaboración, dos enfoques con los que nos alineamos hace 25 años cuando vimos que el negocio estaba cambiando. Empezamos añadiendo arquitectos paisajistas y, con el tiempo, crecimos hasta incluir ingenieros, planificadores, investigadores y diseñadores de interiores. Hoy tenemos una amplia gama de talentos trabajando juntos, con especialidades que van desde el mobiliario y la iluminación hasta la climatización.

Internamente, sabíamos que la integración nos convertiría en una mejor empresa en términos de sostenibilidad, y así ha sido. Hay tantos elementos en juego que deben considerarse para crear instalaciones energéticamente eficientes y sostenibles –emplazamiento, estructura, iluminación, MEP- que tenía sentido abordarlas de manera integrada. Lo que no entendíamos en ese entonces era la profundidad con la que cambiaría la práctica cuando adoptáramos este modelo.

Nuestro proceso es diferente. La incorporación de diferentes profesionales permitió la colaboración interdisciplinar y nos cambió profundamente como empresa. Automáticamente, empezamos a tener estas explosiones de creatividad que nunca ocurrirían en la práctica tradicional. Y de repente, teníamos una visión colectiva y un proceso compartido. No se puede crear eso cuando la gente que se suma no forma parte de la empresa. La verdadera creatividad aparece en esos momentos improvisados dentro del entorno de trabajo, día a día y hora a hora. Eso nunca ocurre cuando se trabaja con consultores externos: el compromiso es totalmente diferente.

MCP: Usted habla del valor de la integración, de la importancia de tener a todos los especialistas bajo el mismo techo. Eso está bien para una gran empresa que pueda permitírselo. Pero, ¿Qué pasa con las pequeñas y medianas empresas que quieran trabajar de esta manera?

DH: Como en la mayoría de las cosas, no hay una única manera de lograrlo. Aunque nosotros somos una empresa integrada, seguimos utilizando consultores externos para el 40% de nuestros trabajos. Los proyectos suelen requerir ciertos especialistas determinados, por lo que en muchos casos trabajamos con equipos que incluyen tanto consultores internos como externos. Nosotros exigimos a estos consultores externos los mismos estándares: deben trabajar como un equipo integrado, no como disciplinas separadas. Creo que los arquitectos deben establecer las reglas básicas desde el principio, fomentando el compromiso, la colaboración para alcanzar los objetivos de cada proyecto. Obviamente, es mucho más fácil con un equipo que comparte la misma cultura y valores, y por eso elegimos trabajar con consultores internos hace más de 10 años.

MCP: Uno de los “elefantes” dentro del campo de la sostenibilidad es el sistema de clasificación LEED. Al principio, fue un elemento positivo, ya que ayudó a encender los debates y dio a los clientes cierta validación de buenas intenciones. Sin embargo, vale la pena preguntarse ahora: ¿Ha dejado de ser útil este sistema de clasificación? Si no es así, ¿Cómo cree que podría actualizarse?

DH: Hay que reconocer que el U.S. Green Building Council logró cambiar un sector que no es especialmente receptivo al cambio. LEED movió la aguja. Era lo primero que tenía que ocurrir para cambiar la industria y empezar a hacer que nuestros proyectos fueran “menos malos”. Pero ahora estamos en un punto en el que las cosas no pueden reducirse solo a eso, ser menos malo no alcanza. Tenemos que lograr alcanzar objetivos más sustanciales en materia de energía, agua, gestión de aguas pluviales y espacios abiertos. Hay que centrarse en lograr un progreso real y mejorar el rendimiento de los proyectos para disminuir su impacto en el medio ambiente. LEED es el punto de partida, no el final, de nuestra responsabilidad. Se puede hacer un edificio que sea mejor que el código energético ASHRAE y obtener la certificación LEED. Pero eso no es suficiente.

Si nuestros edificios no son carbono neutrales ahora, tenemos que encontrar formas para alcanzar este objetivo en el futuro. Nuestra misión es que cada uno de nuestros edificios cumpla el Compromiso AIA 2030. No es una norma perfecta, pero se centra en reducciones reales del uso de la energía y proporciona un marco para la neutralidad del carbono. Los objetivos van más allá de una lista de comprobación. Ofrecen una visión más holística del papel del entorno construido en la gestión del impacto del cambio climático, la protección y la mejora de los recursos naturales, el suministro de aire y agua limpios, la generación de energía renovable de bajo coste y el desarrollo de comunidades más habitables.

MCP: El otro “elefante” es el código de construcción. Se podría argumentar que, sin códigos que obliguen a construir edificios neutros en carbono, jamás lograremos este objetivo voluntariamente.

DH: Estoy de acuerdo en que, si los códigos de construcción obligaran a construir edificios neutros en carbono, el debate sobre el Compromiso 2030 sería mudo. Pero esta es una especulación falsa. ¿Alguien cree que un código energético nacional llegará pronto? Ahora mismo, ocho estados ni siquiera tienen códigos energéticos, y muchos otros que los tienen, no son especialmente rigurosos. ¿Qué hacemos mientras tanto? ¿Esperar a que cambien los códigos? No estoy seguro de que tengamos tiempo para eso. Lo más importante es que los arquitectos e ingenieros pueden hacer mucho más por si mismos, ahora mismo. Los arquitectos, ingenieros y diseñadores deberían liderar estos esfuerzos. Somos los que orquestamos el equipo del proyecto. El tiempo de debatir objetivos y aspiraciones ha pasado. No necesitamos más aspiraciones ni esperar a que cambien los códigos. Necesitamos hacer.

MCP: Su empresa fue una de las pocas que cumplió con los objetivos energéticos. ¿Puede contarnos cómo lo consiguió?

DH: Hicimos del ahorro energético una prioridad. En 2004, nos comprometimos a que cada proyecto de LPA superara en un 25% el “Título 24 de California”, el código energético más estricto del país. En aquella época, todas las empresas de servicios públicos de California tenían un sólido programa que pagaba a las empresas de diseño y a los propietarios de edificios por su eficiencia energética. Lamentablemente, aunque esos programas tuvieron éxito, se han ido eliminando o modificando gradualmente y hoy ya no son efectivos.

También hemos cambiado nuestra empresa, que ha pasado de ser un estudio de arquitectura tradicional que "contrata" consultores para proyectos individuales, a una práctica totalmente integrada en la que los ingenieros civiles, los arquitectos paisajistas, los ingenieros estructurales y las disciplinas MEP trabajan en colaboración con los arquitectos y los diseñadores de interiores en tiempo real. El hecho de tener los equipos dentro de la empresa rompe muchas de las barreras tradicionales del proceso: todos somos un solo equipo y compartimos el éxito del proyecto. Esto ha cambiado profundamente la empresa: los ingenieros hacen mejores a los arquitectos y los arquitectos hacen mejores a los ingenieros.

Por último, al iniciar cada proyecto, establecemos una conexión directa entre el rendimiento del edificio y la excelencia del diseño. Rara vez hablamos de premios de diseño o de lograr un "gran diseño". Creemos que, si confiamos en nuestro proceso y creamos un proyecto que tenga un gran rendimiento en el uso del agua, la energía y la calidad del aire interior, estaremos creando un proyecto que tendrá excelencia en el diseño. En lugar de perseguir la moda, estamos resolviendo problemas, lo cual es un terreno intrínsecamente firme en el que apoyarse.

MCP: ¿Qué consejo le daría a las empresas que quieren avanzar más rápido, pero no han podido hacerlo? ¿Cuáles diría que son los primeros pasos que deben darse? 

DH: Primero: Empezar. Veo a mucha gente hablando de los problemas, dedicando mucho tiempo a analizar por qué es tan difícil, y cómo tienen que elaborar una estrategia corporativa o un comité o un documento de trabajo o alguna tontería por el estilo. Como todo en una empresa de arquitectura, sucede un proyecto a la vez. Así que elige un proyecto, establece un objetivo de eficiencia energética del 80% y comunica ese objetivo a tu equipo.

  Fuente https://www.archdaily.mx/mx/958083/cuando-se-trata-de-crisis-climatica-la-practica-tradicional-pierde-dan-heinfeld-sobre-arquitectura-libre-de-carbono

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Proyectos Arquitectonicos

Centro de aprendizaje de la Universidad de Kingston / Grafton Architects

Centro de aprendizaje de la Universidad de Kingston / Grafton Architects

Arquitectos: Grafton Architects Ubicación: Londres, Reino Unido  Área: 9,400 m2 Año Proyecto: 2020 Construcción: Willmott Dixon Fotografía: Ed Reeve y Dennis Gilvert  El proyecto se trata de un edificio de enseñanza para la Universidad de Kingston...


Este artículo fue publicado originalmente en Common Edge bajo el título "When It Comes to Climate Change, Traditional Practice Is Broken."

Los diagnósticos sobre diseño sostenible en Estados Unidos se presentan, para muchos, como una especie de test de Rorschach. Por un lado, pareciera que el sector de la construcción avanza con pasos firmes hacia objetivos de emisiones de carbono nulas, pero por el otro, pareciera que la disciplina evoluciona con demasiada lentitud, sin lograr alcanzar los objetivos clave mientras el reloj ecológico sigue avanzando sin detenerse. La verdad desconcertante de todo esto es que ambas perspectivas son aparentemente ciertas. En las últimas décadas, el sector se ha vuelto mucho más eficiente desde el punto de vista energético. Hemos aumentado el número de edificios aplanando la curva energética y el costo de las energías renovables sigue bajando. Pero se necesita mucho más, y mucho más rápido. También, todavía siguen existiendo enormes obstáculos. Sin una red renovable y códigos energéticos estrictos, es difícil ver cómo podremos descarbonizar completamente el sector de la construcción incluso en 20 años, y mucho menos en el plazo sugerido por los científicos del clima. Es el clásico escenario de buenas y malas noticias (o viceversa, según el estado de ánimo)

En 2009, el AIA lanzó su Compromiso 2030, un programa creado en colaboración con Architecture 2030 que establecía una serie de puntos y estrategias de referencia para la reducción del uso de energía en la arquitectura. Su objetivo era lograr que el sector de la construcción se transformara en carbono neutral para el año 2030. Hasta la fecha, 822 empresas han firmado el compromiso de manera voluntaria. A pesar de esta buena noticia, de las 311 que brindaron informes sobre su uso energético, sólo 27 empresas cumplían con la reducción energética del 70% establecida en el compromiso (nota: esa cifra podría ser algo mayor, porque las energías renovables no se incluyeron en los informes); En el caso de empresas de más de 100 años, sólo dos empresas, Mithun , logaron alcanzar ese objetivo. Hace poco me puse en contacto con Dan Heinfeld, presidente desde hace mucho tiempo, para preguntarle cómo logró alcanzar estos objetivos y por qué el resto del sector, a pesar de sus buenas intenciones, se está quedando atrás.

Martin C. Pedersen (MCP): El año pasado, de las 311 empresas que brindaron información sobre sus consumos energéticos, menos de 30 alcanzaron el objetivo pautado en el Compromiso 2030 de la AIA. ¿A qué cree que se debe esta cifra tan baja?

Dan Heinfeld (DH): El modelo tradicional para construir, donde un estudio de arquitectura diseña un proyecto y luego reúne a un grupo de consultores y empresas externas para materializarlo, simplemente no funciona. Nuestra búsqueda de reducción de energía fue una de las principales razones por las que decidimos convertirnos en una empresa integrada. Esta es la única manera de avanzar de forma significativa hacia nuestros objetivos de energía cero. En el mundo tradicional el arquitecto se encarga, en el mejor de los casos, del desarrollo esquemático y conceptual -o incluso de la totalidad del diseño-, antes de involucrar a un equipo de consultores. En ese momento, el proyecto ya está hecho. El consultor no puede hacer ningún aporte real sobre el proyecto. Antes de integrarnos, chocábamos constantemente. Los consultores normalmente no querían trabajar en el proyecto hasta el final, cuando los arquitectos habían terminado su trabajo, para no tener que volver a dibujar. Conseguir que participaran libremente de manera colaborativa en las primeras fases del proceso, parecía difícil, si no imposible. Nos dimos cuenta de que no queríamos contratar simplemente a consultores, sino que queríamos que los mismos fueran nuestros socios.

MCP: ¿Por qué la industria de la construcción es incapaz de cumplir con sus objetivos climáticos, a pesar de considerarlos una prioridad?

DH: El AIA sólo ha empezado a darle prioridad a este tema en los últimos tiempos. Entre las medidas recientes del AIA se encuentran la aprobación de la iniciativa de acción climática, la adopción del Marco para la Excelencia en el Diseño (Framework for Design Excellence) y la creación de la aplicación Common para medir la sostenibilidad en los programas de premios. El Compromiso 2030, a diferencia, es totalmente voluntario. Las empresas pueden firmar el compromiso y sentirse bien con ello pero sin necesidad de informar sus resultados, y mucho menos sin la obligación de cumplir con el compromiso. Me han dicho que cuando se adoptó originalmente, el Compromiso 2030 era una aspiración, y para muchos lo sigue siendo. Pero lo "aspiracional" no cambia la realidad.

Creo que dos cambios en el Compromiso 2030 serían suficientes para acelerar el progreso. En primer lugar, el compromiso debería dar alguna clase de crédito a los equipos de proyecto que incluyan -o consideren la futura inclusión- de fuentes de energía renovable, incluso habiendo alcanzado el 70% de eficiencia energética en el proyecto. El compromiso debe tener en cuenta que la neutralidad de carbono no puede darse sin que la energía renovable forme parte de la ecuación. Los componentes de energía renovable deben formar parte del presupuesto del proyecto.

No es posible lograr una reducción de energía por encima del 70-75% solo con medidas de conservación. En 2020, el compromiso aumentará los valores de reducción al 80%, y probablemente no alcanzaremos esos objetivos a menos que los clientes estén dispuestos a añadir fuentes renovables. Estamos preparando nuestros edificios para el futuro, incorporando infraestructuras que permitan añadir paneles fotovoltaicos en las obras. La intención es que los propietarios de los edificios puedan incorporar estos elementos cuando su presupuesto se lo permita, ya que estamos seguros de que estos sistemas se abaratan y la adición de las renovables tendrá una amortización más atractiva.

En segundo lugar, el AIA tiene que demostrar que el Compromiso 2030 es una prioridad, haciendo que el valor de eficiencia del 70% en un proyecto sea un requisito para todos los programas de premios de arquitectura nacionales, estatales y locales del AIA. 

MCP: Usted ha dicho que "la práctica tradicional está obsoleta y no puede abordar los problemas que necesitamos en el mundo actual". ¿En qué sentido cree que está obsoleta?

DH: No es posible responder a los problemas de diseño actuales vinculando equipos que no comparten los mismos valores organizativos o tienen diferentes enfoques. Las mejores estrategias para enfrentar el reto climático de nuestro entorno construido son la integración y la colaboración, dos enfoques con los que nos alineamos hace 25 años cuando vimos que el negocio estaba cambiando. Empezamos añadiendo arquitectos paisajistas y, con el tiempo, crecimos hasta incluir ingenieros, planificadores, investigadores y diseñadores de interiores. Hoy tenemos una amplia gama de talentos trabajando juntos, con especialidades que van desde el mobiliario y la iluminación hasta la climatización.

Internamente, sabíamos que la integración nos convertiría en una mejor empresa en términos de sostenibilidad, y así ha sido. Hay tantos elementos en juego que deben considerarse para crear instalaciones energéticamente eficientes y sostenibles –emplazamiento, estructura, iluminación, MEP- que tenía sentido abordarlas de manera integrada. Lo que no entendíamos en ese entonces era la profundidad con la que cambiaría la práctica cuando adoptáramos este modelo.

Nuestro proceso es diferente. La incorporación de diferentes profesionales permitió la colaboración interdisciplinar y nos cambió profundamente como empresa. Automáticamente, empezamos a tener estas explosiones de creatividad que nunca ocurrirían en la práctica tradicional. Y de repente, teníamos una visión colectiva y un proceso compartido. No se puede crear eso cuando la gente que se suma no forma parte de la empresa. La verdadera creatividad aparece en esos momentos improvisados dentro del entorno de trabajo, día a día y hora a hora. Eso nunca ocurre cuando se trabaja con consultores externos: el compromiso es totalmente diferente.

MCP: Usted habla del valor de la integración, de la importancia de tener a todos los especialistas bajo el mismo techo. Eso está bien para una gran empresa que pueda permitírselo. Pero, ¿Qué pasa con las pequeñas y medianas empresas que quieran trabajar de esta manera?

DH: Como en la mayoría de las cosas, no hay una única manera de lograrlo. Aunque nosotros somos una empresa integrada, seguimos utilizando consultores externos para el 40% de nuestros trabajos. Los proyectos suelen requerir ciertos especialistas determinados, por lo que en muchos casos trabajamos con equipos que incluyen tanto consultores internos como externos. Nosotros exigimos a estos consultores externos los mismos estándares: deben trabajar como un equipo integrado, no como disciplinas separadas. Creo que los arquitectos deben establecer las reglas básicas desde el principio, fomentando el compromiso, la colaboración para alcanzar los objetivos de cada proyecto. Obviamente, es mucho más fácil con un equipo que comparte la misma cultura y valores, y por eso elegimos trabajar con consultores internos hace más de 10 años.

MCP: Uno de los “elefantes” dentro del campo de la sostenibilidad es el sistema de clasificación LEED. Al principio, fue un elemento positivo, ya que ayudó a encender los debates y dio a los clientes cierta validación de buenas intenciones. Sin embargo, vale la pena preguntarse ahora: ¿Ha dejado de ser útil este sistema de clasificación? Si no es así, ¿Cómo cree que podría actualizarse?

DH: Hay que reconocer que el U.S. Green Building Council logró cambiar un sector que no es especialmente receptivo al cambio. LEED movió la aguja. Era lo primero que tenía que ocurrir para cambiar la industria y empezar a hacer que nuestros proyectos fueran “menos malos”. Pero ahora estamos en un punto en el que las cosas no pueden reducirse solo a eso, ser menos malo no alcanza. Tenemos que lograr alcanzar objetivos más sustanciales en materia de energía, agua, gestión de aguas pluviales y espacios abiertos. Hay que centrarse en lograr un progreso real y mejorar el rendimiento de los proyectos para disminuir su impacto en el medio ambiente. LEED es el punto de partida, no el final, de nuestra responsabilidad. Se puede hacer un edificio que sea mejor que el código energético ASHRAE y obtener la certificación LEED. Pero eso no es suficiente.

Si nuestros edificios no son carbono neutrales ahora, tenemos que encontrar formas para alcanzar este objetivo en el futuro. Nuestra misión es que cada uno de nuestros edificios cumpla el Compromiso AIA 2030. No es una norma perfecta, pero se centra en reducciones reales del uso de la energía y proporciona un marco para la neutralidad del carbono. Los objetivos van más allá de una lista de comprobación. Ofrecen una visión más holística del papel del entorno construido en la gestión del impacto del cambio climático, la protección y la mejora de los recursos naturales, el suministro de aire y agua limpios, la generación de energía renovable de bajo coste y el desarrollo de comunidades más habitables.

MCP: El otro “elefante” es el código de construcción. Se podría argumentar que, sin códigos que obliguen a construir edificios neutros en carbono, jamás lograremos este objetivo voluntariamente.

DH: Estoy de acuerdo en que, si los códigos de construcción obligaran a construir edificios neutros en carbono, el debate sobre el Compromiso 2030 sería mudo. Pero esta es una especulación falsa. ¿Alguien cree que un código energético nacional llegará pronto? Ahora mismo, ocho estados ni siquiera tienen códigos energéticos, y muchos otros que los tienen, no son especialmente rigurosos. ¿Qué hacemos mientras tanto? ¿Esperar a que cambien los códigos? No estoy seguro de que tengamos tiempo para eso. Lo más importante es que los arquitectos e ingenieros pueden hacer mucho más por si mismos, ahora mismo. Los arquitectos, ingenieros y diseñadores deberían liderar estos esfuerzos. Somos los que orquestamos el equipo del proyecto. El tiempo de debatir objetivos y aspiraciones ha pasado. No necesitamos más aspiraciones ni esperar a que cambien los códigos. Necesitamos hacer.

MCP: Su empresa fue una de las pocas que cumplió con los objetivos energéticos. ¿Puede contarnos cómo lo consiguió?

DH: Hicimos del ahorro energético una prioridad. En 2004, nos comprometimos a que cada proyecto de LPA superara en un 25% el “Título 24 de California”, el código energético más estricto del país. En aquella época, todas las empresas de servicios públicos de California tenían un sólido programa que pagaba a las empresas de diseño y a los propietarios de edificios por su eficiencia energética. Lamentablemente, aunque esos programas tuvieron éxito, se han ido eliminando o modificando gradualmente y hoy ya no son efectivos.

También hemos cambiado nuestra empresa, que ha pasado de ser un estudio de arquitectura tradicional que "contrata" consultores para proyectos individuales, a una práctica totalmente integrada en la que los ingenieros civiles, los arquitectos paisajistas, los ingenieros estructurales y las disciplinas MEP trabajan en colaboración con los arquitectos y los diseñadores de interiores en tiempo real. El hecho de tener los equipos dentro de la empresa rompe muchas de las barreras tradicionales del proceso: todos somos un solo equipo y compartimos el éxito del proyecto. Esto ha cambiado profundamente la empresa: los ingenieros hacen mejores a los arquitectos y los arquitectos hacen mejores a los ingenieros.

Por último, al iniciar cada proyecto, establecemos una conexión directa entre el rendimiento del edificio y la excelencia del diseño. Rara vez hablamos de premios de diseño o de lograr un "gran diseño". Creemos que, si confiamos en nuestro proceso y creamos un proyecto que tenga un gran rendimiento en el uso del agua, la energía y la calidad del aire interior, estaremos creando un proyecto que tendrá excelencia en el diseño. En lugar de perseguir la moda, estamos resolviendo problemas, lo cual es un terreno intrínsecamente firme en el que apoyarse.

MCP: ¿Qué consejo le daría a las empresas que quieren avanzar más rápido, pero no han podido hacerlo? ¿Cuáles diría que son los primeros pasos que deben darse? 

DH: Primero: Empezar. Veo a mucha gente hablando de los problemas, dedicando mucho tiempo a analizar por qué es tan difícil, y cómo tienen que elaborar una estrategia corporativa o un comité o un documento de trabajo o alguna tontería por el estilo. Como todo en una empresa de arquitectura, sucede un proyecto a la vez. Así que elige un proyecto, establece un objetivo de eficiencia energética del 80% y comunica ese objetivo a tu equipo.

  Fuente https://www.archdaily.mx/mx/958083/cuando-se-trata-de-crisis-climatica-la-practica-tradicional-pierde-dan-heinfeld-sobre-arquitectura-libre-de-carbono