El urbanista Alejandro Escalante Cruz, con base en un estudio formulado por el Consejo Nacional de Población (Conapo), establece la situación de la movilidad urbana combina los problemas de desigualdad, ineficiencia productiva y energética y deterioro ambiental.
Aunque el 60% de la población de las áreas metropolitanas se traslada a pie, en bicicleta o en medios de transporte público, las sociedades gastan tres veces más en vehículos privados que en sistemas de transporte colectivo. El automóvil ocupa 30 veces más espacio por persona movilizada que un autobús y cinco veces más que una bicicleta.
Según el Observatorio de Movilidad Urbana del Banco de Desarrollo de América Latina, el 56,4% de los viajes diarios se realizan en transporte colectivo y, de estos, los metros y trenes eléctricos cubren aproximadamente el 16%.
Se cree que se tiene que tener importantes oportunidades de inversión con inclusión social y eficiencia económico y ambiental a la demanda de movilidad de las ciudades y así mejorar su competitividad y dinamismo.
La segregación espacial, la congestión y el rezago en la implementación de sistemas públicos adecuados aumentan los tiempos de viaje e impulsan la fuga de usuarios de estos servicios. Esa fuga tiene determinantes similares a la que se produce desde los servicios públicos hacia los servicios privados en materia de educación, salud, seguridad e incluso agua potable.
Más allá de los costos en términos de tiempo de desplazamiento, la ineficiencia de las modalidades dominantes de trasporte urbano en la región tiene efectos en el patrón de consumo de energía y, por consiguiente, en la contaminación urbana y la salud de las personas. En efecto, un automóvil individual emite 2,5 veces más CO2 por pasajero que un viaje equivalente en autobús.