Bienales, participación gremial y buenas prácticas como legado de una gestión que deja huella.
Hablar con el arquitecto Marcelo Espinosa es hablar de arquitectura como un acto colectivo. A dos años de encabezar el Colegio de Arquitectos del Estado de Nuevo León, su balance no se mide únicamente en números o eventos, sino en la manera en que el gremio ha logrado volver a ocupar un lugar visible y activo en la conversación pública sobre la ciudad. El cierre de 2025 llega para él con la satisfacción de un periodo intenso, dinámico y profundamente comprometido con el reconocimiento social de la arquitectura y del arquitecto.
Desde su presidencia, el Colegio ha impulsado una agenda amplia que va de lo gremial a lo cultural, de la participación institucional a la incidencia en políticas públicas. Espinosa lo resume con claridad: el arquitecto no solo diseña edificios, participa en la transformación de la calidad de vida. Bajo esa convicción, el Colegio fortaleció su vínculo con federaciones, municipios, instancias estatales y organismos culturales, buscando que la voz técnica y ética de la arquitectura esté presente tanto en la obra pública como en la planeación urbana.
Uno de los grandes retos de su gestión fue activar la participación gremial. La respuesta llegó a través de iniciativas pensadas para sumar, no para excluir: programas de actualización, integración temprana de estudiantes, creación de comités especializados en urbanismo, patrimonio y otras temáticas clave. Estos espacios permitieron que arquitectos jóvenes y de larga trayectoria encontraran un lugar para aportar ideas, discutir preocupaciones reales y convertirse en interlocutores válidos frente a las autoridades. El resultado ha sido un crecimiento constante de la participación y una comunidad más diversa y activa.

La Bienal de Arquitectura se convirtió en el emblema de esta transformación. Lejos de ser un evento aislado o un simple concurso, hoy es una celebración que se extiende por semanas y que propone una reflexión profunda sobre el estado de la arquitectura en Nuevo León. Con una curaduría sólida, una temática clara y una narrativa que privilegia las buenas prácticas por encima de la competencia, la Bienal se ha consolidado como un ejercicio de corte de caja: qué se está haciendo, qué se está pensando y cómo impacta en la vida cotidiana de la sociedad. Su crecimiento la ha llevado a convertirse en un evento cultural de alcance estatal, respaldado por instituciones gubernamentales y culturales.
Esa visibilidad ha tenido efectos concretos. A través de los comités y de la exposición de proyectos ejemplares, el Colegio ha logrado incidir en la discusión sobre espacio público, vivienda y desarrollos habitacionales en una zona metropolitana que crece a gran velocidad. Hoy, las autoridades se acercan al Colegio no solo para escuchar opiniones, sino para integrar propuestas, replicar buenas prácticas y generar proyectos con impacto social real. La arquitectura, desde esta óptica, deja de ser un asunto estético para convertirse en una herramienta de transformación urbana.
Al cierre de su gestión, Marcelo Espinosa reconoce avances, aprendizajes y algunos pendientes naturales en cualquier proceso institucional. Sin embargo, destaca la consolidación del Colegio como una institución viva, atractiva y abierta. La renovación de la sede, la reactivación de instrumentos históricos y la suma de nuevas generaciones han fortalecido una imagen renovada, sin perder la memoria ni la experiencia acumulada. Para él, el Colegio no es un proyecto personal, sino una construcción colectiva que debe seguir creciendo más allá de los cargos.
A partir de 2026, Espinosa volverá a dedicar más tiempo a la práctica profesional y a la academia, dos ámbitos que considera esenciales para el crecimiento continuo. Su vínculo con el Colegio, sin embargo, permanece intacto. Como expresidente, seguirá impulsando iniciativas de difusión, exhibiciones y colaboración institucional, convencido de que el trabajo gremial no se abandona, solo se transforma.
Su mensaje final es una invitación clara: el Colegio es de todos los arquitectos. Un espacio flexible, abierto, capaz de adaptarse a lo nuevo y, al mismo tiempo, resguardar el archivo de ideas que han dado forma a la ciudad. Un lugar donde compartir conocimiento para generar más conocimiento. En esa visión, la arquitectura no se queda en el papel ni en el objeto construido: se convierte en conversación, en política pública y, sobre todo, en un compromiso permanente con la sociedad.



