Desde la Universidad de Guanajuato, impulsa una enseñanza que transforma territorios y vidas.
La Dra. Carmen D. Barroso García, directora del Departamento de Arquitectura de la Universidad de Guanajuato, ha dedicado su vida a demostrar que la enseñanza de la arquitectura trasciende las aulas. Arquitecta por la UG, con maestrías y doctorado en restauración, urbanismo y educación, y con una trayectoria docente e investigadora que rebasa las tres décadas, hoy encabeza un modelo formativo que entiende la arquitectura como una herramienta cotidiana para mejorar la vida de las personas.


Para ella, la transformación de la enseñanza responde a un contexto urgente: sustentabilidad, digitalización y nuevas formas de habitar. En sus talleres, la maqueta se combina con la realidad aumentada; la entrevista comunitaria con la simulación digital; y el boceto inicial con la responsabilidad ambiental. “Pedimos a los estudiantes pensar la sustentabilidad desde el primer trazo y salir a observar modos de habitar emergentes”, explica. Esa coherencia es la brújula: proyectos técnicamente sólidos, sensibles con el contexto y con sentido social.
La Dra. Barroso insiste en que el arquitecto que hoy demanda el mundo no solo debe dominar técnicas y herramientas, sino ser curioso, crítico y profundamente humano. Formar profesionales capaces de escuchar, trabajar en equipo y asumir con ética el impacto de cada decisión es, para ella, una misión irrenunciable. Por eso promueve prácticas en campo, diagnósticos participativos y proyectos que dialogan con comunidades, donde los estudiantes descubren que la arquitectura cobra verdadero valor cuando dignifica rutinas cotidianas y genera confianza.
Las tecnologías emergentes son, en sus palabras, aliadas para imaginar más y coordinar mejor: BIM para integrar diseño y construcción, inteligencia artificial para explorar variantes, realidad aumentada para validar experiencias. Pero subraya que la tecnología nunca sustituye al criterio humano: “Debe servir al proyecto y a las personas; la decisión sigue siendo nuestra”.


A los jóvenes arquitectos que egresan en 2025 les lanza un consejo luminoso: escuchar antes de imponer, empezar con proyectos pequeños que resuelvan necesidades reales, practicar la paciencia del proceso y sostener siempre la ética profesional. “Muchas transformaciones importantes nacen de buenas decisiones pequeñas”, recuerda.
Su mensaje final es una invitación a sumar esfuerzos: academia, práctica profesional y comunidades hombro con hombro. En esa unión, asegura, la arquitectura revela su mayor poder: tejer comunidad, mejorar vidas y construir un futuro más digno y sostenible para todos.
Fotografías por: Mtro. Juan Antonio Michel Malo



