En Nayarit, una terminal de autobuses rompe los moldes del diseño tradicional y demuestra cómo la arquitectura puede integrarse armónicamente a la infraestructura de movilidad sin renunciar a identidad, estética ni sostenibilidad.
Enclavada entre palmeras y montañas, en el corazón de Rincón de Guayabitos, Nayarit, surge una obra que marca un antes y un después en la manera de concebir los espacios de transporte en México. Se trata de la Terminal Guayabitos, una construcción que no solo cumple con su función logística, sino que propone una reflexión sobre cómo diseñar en diálogo con el territorio, las vías y la cultura local.


Diseñada por la firma BAG arquitectura, esta terminal se levanta sobre un terreno de 1468 m² con una superficie construida de 495 m², convirtiéndose en un referente de arquitectura contemporánea sensible al entorno. El proyecto fue reconocido con el Premio Construye 2024 en la categoría de Obra Privada, destacando su aportación al diseño de infraestructura desde una perspectiva integral.
Uno de los elementos más distintivos del diseño son las bóvedas de cañón construidas con tabique aparente, una técnica que no solo remite a la arquitectura vernácula mexicana, sino que también ofrece ventajas térmicas y estructurales. Estas bóvedas no solo protegen del calor, sino que aportan carácter y calidez a la experiencia del usuario, convirtiendo la espera en algo más cercano a un resguardo que a un trámite.

Además, el uso generoso de cristal permite una relación directa con el paisaje. La transparencia se convierte en una metáfora: esta terminal no se encierra, sino que se abre al contexto, dejando que la luz natural bañe los interiores y difumine las fronteras entre lo construido y lo natural.
Este proyecto no busca solo trasladar personas, sino transformar la experiencia del viaje terrestre. Se posiciona como un ejemplo de cómo la arquitectura puede —y debe— acompañar los proyectos de movilidad e infraestructura sin perder de vista el diseño, la funcionalidad y, sobre todo, la identidad del lugar.
En un país donde la infraestructura muchas veces se impone al entorno, la Terminal Guayabitos demuestra que hay otra forma de construir: una que escucha, respeta y convive.



