EL DÍA QUE EL AGUA DEJO DE SER SUFICIENTE

La ingeniería que dejamos de ver.

Por: Mtro. Oscar Coello

Siempre he tenido un interés particular por la exploración espacial. No solo desde la ingeniería, sino desde la curiosidad genuina por entender cómo el ser humano es capaz de sostenerse en entornos donde, literalmente, nada está dado. Esa inquietud me ha llevado incluso a recorrer espacios como el Johnson Space Center en Houston, donde uno entiende que fuera de la Tierra no hay margen para improvisar: cada sistema tiene un propósito, cada recurso tiene un costo, y cada decisión es definitiva.

En la Tierra damos por hecho el agua. Abrimos una llave, llenamos un vaso, lavamos una herramienta en obra yseguimos. Es tan cotidiana que rara vez la vemos como lo que realmente es: infraestructura crítica. Pero a más de400,000 kilómetros de distancia, el punto más lejano que ha alcanzado un ser humano en más de cincuenta años,cada gota deja de ser rutina y se convierte en una decisión de ingeniería.

El regreso de Artemis II el pasado 10 de abril lo dejó claro: el verdadero reto no es llegar, sino sostenerse. Durante diez días, cuatro astronautas dependieron de un sistema cerrado, finito, sin margen. No había más agua de la quellevaban. No había red de respaldo. En ese entorno, el agua no se consume, se gestiona; no se desperdicia, se recircula; no es un servicio, es un sistema. Cada litro cuenta dos veces: cuando se usa y cuando se recupera. Esa lógica, obligada en el espacio, es exactamente la que seguimos evitando en nuestras ciudades.

Basta ver el momento más crítico de la misión: el regreso. La cápsula reingresó a la atmósfera viajando a más de 40,000 kilómetros por hora, con temperaturas que superaron los 2,700 grados Celsius. Durante varios minutos, no hubo comunicación posible con la Tierra. Sin posibilidad de corrección, sin margen de reacción. En ese punto, no hay piloto ni decisión en tiempo real que valga. Todo depende de algo mucho más complejo y mucho más silencioso: que la ingeniería haya sido suficiente. Y lo fue.

Ese es el punto que muchas veces se pierde. La ingeniería se ha vuelto tan omnipresente que ha dejado de notarse. Está en todo, pero ya no se percibe. Se ha vuelto tan eficiente, tan integrada, que para la sociedad en general parece básica, casi automática. Como si siempre hubiera estado ahí. Y es precisamente cuando salimos de ese entorno “resuelto” donde su valor vuelve a ser evidente. Cuando desaparecen las condiciones que damos por hechas, la ingeniería deja de ser invisible y se convierte en la única diferencia entre existir o no.

El siguiente paso del programa es aún más revelador. En los polos lunares existen depósitos de hielo atrapados en condiciones extremas. No es agua disponible en términos convencionales; es un recurso que solo existe si la ingeniería es capaz de encontrarlo, extraerlo y transformarlo. Convertir hielo en agua, agua en oxígeno, oxígeno envida, hidrógeno en combustible. Convertir un recurso en un sistema completo de soporte e infraestructura.

Ese principio debería resultarnos familiar. Utilizar lo que ya existe, cerrar ciclos, optimizar recursos, diseñar coneficiencia. Sin embargo, en la práctica seguimos construyendo ciudades donde el agua entra, se usa una sola vez y se desecha como si no tuviera historia ni futuro. Seguimos expandiendo zonas urbanas sin garantizar fuentessostenibles, sin integrar sistemas de recuperación, sin asumir que cada metro cúbico desperdiciado es también energía, tratamiento, transporte y costo que se pierde. Y, aun así, seguimos tratándolo como si fuera inagotable.

La infraestructura hidráulica rara vez está en el centro de la conversación. No porque no sea importante, sino porque obliga a responder preguntas que incomodan. Mientras funciona, permanece invisible. Y cuando falla, yano hay narrativa que alcance para justificar por qué no se hizo antes.

Lo que en la Luna es una condición para existir, en la Tierra sigue siendo una decisión que postergamos. Allá no hay red municipal que respalde, no hay sobrecostos tolerables, no hay espacio para la improvisación. Todo se mide, todo se optimiza, todo se integra. La infraestructura deja de ser invisible y se vuelve protagonista. Cada sistema depende del otro, y el agua es el eje que conecta vida, energía y permanencia.

La exploración espacial no está resolviendo problemas del futuro. Está exhibiendo, con total claridad, las deficiencias del presente. Porque cuando el agua deja de estar garantizada, la improvisación desaparece. Y con ella, muchas de las decisiones que hoy seguimos justificando.

En México, esta conversación ya no es teórica. Más del 70% del territorio enfrenta estrés hídrico alto, gran partede la infraestructura hidráulica lleva décadas sin mantenimiento real, y en muchas ciudades el agua se pierde en las tuberías antes de llegar al usuario. No es proyección. Es la condición de operación de hoy. Y sin embargo seguimos tratando la infraestructura hidráulica como si fuera un problema postergable, como si hubiera tiempo.

No lo hay.

Detrás de cada misión, de cada sistema que mantuvo con vida a cuatro personas a casi medio millón de kilómetrosde la Tierra, no hay magia ni casualidad. Hay ingeniería en su estado más puro: precisión, control, anticipación yresponsabilidad absoluta sobre cada variable. Lo mismo ocurre aquí, aunque hayamos decidido dejar de verlo. Cada vez que alguien abre una llave y obtiene agua, está ocurriendo un proceso igual de complejo, igual de calculado y, sobre todo, igual de irreversible en su resultado… solo que aquí hemos decidido asumir que siempre funcionará.

El problema no es que la ingeniería sea básica. El problema es que la llamamos básica cuando en realidad es ingeniería tan bien hecha que dejamos de verla.

Y en esa invisibilidad empezamos a fallar.

Porque dejamos de exigirla, dejamos de entenderla y, peor aún, dejamos de respetarla en la forma en que diseñamos, construimos y operamos nuestras ciudades. Mientras somos capaces de sostener vida en el entorno más hostil conocido, seguimos permitiendo sistemas deficientes en el único lugar donde deberíamos hacerlo mejor.

Y esa es, hoy, la obra más urgente.

La ingeniería que hace posible sobrevivir fuera de la Tierra es la misma que sostiene la vida dentro de ella. Es la misma disciplina, con el mismo rigor… aplicada con distinto nivel de exigencia.

Y esa diferencia ya no es técnica. Es una decisión.

Comparte

Lo más reciente

Recibe cada mes sin costo, la Revista Digital de tu preferencia

GRACIAS POR SUSCRIBIRTE A LA EDICIÓN DIGITAL DE LA REVISTA CONSTRUYE