Héctor Balvanera: La arquitectura como acto de fe, memoria y servicio

El arquitecto, investigador y docente mexicano Héctor Balvanera ha hecho del patrimonio religioso su causa y su vocación. Entre México, Puerto Rico y España, su mirada abraza la modernidad, la espiritualidad y la ética como pilares inseparables del oficio arquitectónico.

Entre planos, archivos y templos, el arquitecto Héctor Balvanera Alfaro ha trazado un camino que une historia, espiritualidad y servicio. Nacido en Ciudad de México, criado en Guadalajara y con una formación y actividad profesional que cruza fronteras —de México a Puerto Rico y España—, su trayectoria está guiada por una convicción profunda: el patrimonio religioso no es solo un testimonio del pasado, sino una herramienta viva para comprendernos como sociedad. 

Doctorando en Arquitectura y Urbanismo por la Universidad de A Coruña, y con una maestría en Patrimonio Cultural de origen eclesiástico, Balvanera ha consagrado su vida al estudio, la preservación y la reinterpretación del espacio sagrado en América Latina y el Caribe.

Su investigación doctoral, La arquitectura Religiosa Contemporánea en las parroquias de la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico, 1947-97, revela una verdad inquietante: el patrimonio contemporáneo es el más vulnerable. A menudo, las obras del siglo XX —esas que mezclan modernidad y fe— no son vistas aún como “históricas” y corren el riesgo de desaparecer antes de ser comprendidas. “Lo que no se conoce no se valora”, dice con serenidad, recordando que, sin estudio ni divulgación, la arquitectura moderna religiosa se diluye en el olvido. Su labor, junto a otros investigadores a nivel internacional, busca precisamente eso: mirar con nuevos ojos lo que el tiempo reciente ha dejado en nuestras ciudades, templos y comunidades.

En su mirada, la arquitectura del Caribe representa una lección de adaptación. Las islas, atravesadas por climas extremos, influencias políticas y tradiciones diversas, han sabido traducir su identidad en formas arquitectónicas únicas. Con la incorporación del hormigón armado desde principios del siglo XX ―primero en las misiones protestantes y luego en las parroquias católicas―, Puerto Rico, Cuba y República Dominicana —territorios de espiritualidad tropical— fueron pioneros en incorporar nuevas tecnologías sin renunciar a los sistemas tradicionales como el control de la luz, la ventilación cruzada y el respeto por lo natural. Sin embargo, advierte Balvanera, el exceso de confianza tecnológica desde fines de la década de 1960 borró, en algunos casos, la sabiduría ancestral que sabía dialogar con el entorno. Su llamado es claro: estudiar, conservar e interpretar esas obras para que las comunidades puedan volver a sentirse reflejadas en ellas.

Hablar con Héctor Balvanera es entender que la arquitectura no se limita a lo material. Cada parroquia ―la institución y el inmueble―, explica, es un microcosmos social donde la vida se entrelaza con la fe. “En la parroquia se bautiza, se casa, se despide. Es el ciclo completo de la vida”, comenta. Estudiar esas transformaciones —de la capilla de madera al templo de mampostería o de concreto— es también estudiar la historia de un pueblo. Para él, el arquitecto tiene una función pedagógica: ayudar a las comunidades a reconocerse en sus espacios, a entender que conservarlos es también conservar su memoria colectiva.

Por eso, Balvanera defiende la idea de que la conservación del patrimonio es un acto ministerial. No en el sentido dogmático, sino ético. “El arquitecto, como el médico o el sacerdote, debe ejercer con humildad. No basta con crear una obra bella; hay que entender al usuario, escuchar sus necesidades y construir con ellos.” En su discurso, la palabra “servicio” adquiere una dimensión profunda: el arquitecto no diseña para sí, sino para los demás. Y esa humildad, dice, es la que da trascendencia a la obra.

Sus reflexiones resuenan con la fuerza de una vocación genuina. Al mencionar ejemplos como la Sagrada Familia de Gaudí, reconoce en la arquitectura religiosa una síntesis de arte, técnica y espiritualidad que atraviesa generaciones. “No todos somos Gaudí, pero todos podemos construir con sentido de trascendencia”, asegura. Esa búsqueda de emoción, de conexión y de sentido, es lo que define —a su juicio— la verdadera arquitectura.

En tiempos donde la tecnología redefine los modos de habitar, Balvanera ve en la digitalización y la inteligencia artificial una oportunidad. No como sustituto, sino como medio para preservar y enseñar. “La tecnología puede ser un puente entre generaciones, una herramienta para educar y compartir conocimiento. Si la usamos con conciencia, puede ayudarnos a mantener viva la memoria del arte sacro y del patrimonio construido.”

En cada palabra, Héctor Balvanera habla desde una fe en el oficio, pero también en la comunidad. Su trabajo no se detiene en la investigación, colabora en la Red Internacional de Investigadores de Arquitecturas y Artes Sacras (RIIAS), preside el capítulo de Puerto Rico de Docomomo, ―Comité Internacional para la Documentación de la Arquitectura y los Barrios del Movimiento Moderno―, y ha participado en la serie de Congresos Internacionales de Arquitectura Religiosa Contemporánea (CIARC), además de su actividad como conferenciante y autor de publicaciones, donde promueve la divulgación, la reflexión y el diálogo interdisciplinario.

“Tenemos una tradición que aún no hemos sabido valorar del todo”, afirma. “Basta una invitación a mirar de nuevo esos espacios donde hemos vivido momentos esenciales de nuestra existencia. Son parte de nuestra historia, de nuestra identidad.”

Entre la devoción y la disciplina, Balvanera ha encontrado en la arquitectura una forma de oración, una manera de servir. Y en cada templo, una promesa: la de que mientras haya quienes estudien, comprendan y amen estos espacios, la memoria sagrada seguirá viva, edificando también el futuro.


Doctorado en Arquitectura y Urbanismo por la Universidade da Coruña, Héctor Balvanera Alfaro ha dedicado su trayectoria a explorar la relación entre arte, liturgia y territorio. Con experiencia en México, España y Puerto Rico, su trabajo conjuga la investigación académica con la práctica arquitectónica y la gestión cultural, enfocándose en la preservación del patrimonio edificado y el arte sacro contemporáneo.
Como arquitecto, investigador y docente, Balvanera defiende una visión donde el espacio construido no solo se habita, sino que se interpreta, se siente y se transmite como parte viva de la identidad colectiva. En conversación con Revista Construye, comparte sus reflexiones sobre la arquitectura religiosa moderna, la innovación en la conservación patrimonial y la responsabilidad social del arquitecto como mediador entre historia, comunidad y fe.

Comparte

Lo más reciente

Recibe cada mes sin costo, la Revista Digital de tu preferencia

GRACIAS POR SUSCRIBIRTE A LA EDICIÓN DIGITAL DE LA REVISTA CONSTRUYE