Por: MSc. Arch. Urb. Raúl Martínez y MSc Arch. Mariana Fajardo
En México, cada año abundan los titulares que advierten sobre la crisis del agua. En la Ciudad de México, el problema es recurrente y este 2025 no será la excepción. Actualmente el país se encuentra en temporada de secas, es solo cuestión de tiempo para que los capitalinos se comiencen a quejar de los calores “insoportables”, de la sequía, de las alergias, del polvo y claro, del aumento en los recortes de agua. Cada día que pasa se acerca el llamado “día cero”.
El término de día cero se utiliza para hacer referencia al día en el cual los asentamientos urbanos se queden sin suministro de agua (para consumo humano). En el año 2018 esté concepto se extendió por el mundo como consecuencia de la crisis hídrica que vivió Ciudad de Cabo en Sudáfrica. Si bien los científicos entran en debate de si la Ciudad de México tendrá como tal un día cero (debido en parte al acuífero subyacente), el sistema Cutzamala sí podrá colapsar. Este es uno de los sistemas más grandes y ambiciosos de su tipo en el mundo. Es la principal fuente externa de abastecimiento de agua potable para la Ciudad de México, suministrando el equivalente al 30% del agua que consume la capital. Su operación depende de infraestructura en Michoacán y el Estado de México, y actualmente enfrenta niveles críticos, lo que pone en riesgo el suministro para millones de habitantes (iingen, 2024).

Desigualdad en el acceso al agua
La escasez de agua potable no es una novedad. En la Ciudad de México, el consumo promedio por persona es de aproximadamente 200 litros al día. Sin embargo, en algunas alcaldías, esta cantidad se reduce a menos de 100 litros diarios, evidenciando una fuerte desigualdad en el acceso al agua potable (Congreso de la Ciudad de México, 2021). En Xochimilco, por ejemplo, gran parte de su población recibe agua mediante tandeo, un sistema de distribución que suministra agua solo durante algunas horas al día, a veces solo una vez a la semana. Se estima que al menos 280 colonias en la Ciudad de México dependen de este método. Paradójicamente, en Xochimilco, una zona con un sistema de canales y chinampas que conserva su paisaje precolombino, el agua potable es escasa. Sus habitantes tienen declaratoria de Patrimonio Cultural por la UNESCO, pero no un abastecimiento digno a agua potable.

En muchas colonias de bajos recursos, la situación es aún más crítica. Sin cisternas para almacenar agua, los habitantes dependen de la compra de pipas (camiones cisterna), cuyo costo puede superar los dos mil pesos por 20,000 litros, dependiendo de la zona y el proveedor. Así, quienes tienen menos recursos económicos terminan pagando más por el agua, y sin garantía de su calidad.


Los datos ilustran que la Ciudad de México y el país en general tienen poco tiempo antes de enfrentar consecuencias aún más drásticas en el acceso al agua potable. Aunque no todos nos quedaremos sin agua de un día para otro, el modo en que la hemos “disfrutado” (desperdiciado) si pudiese cambiar radicalmente. Las consecuencias de la crisis hídrica están presentes hace años y continuaran agraviándose: fallas en el suministro, disminución de la calidad del agua, incremento en las tarifas y la implementación de nuevas medidas como restricciones estrictas en su uso o racionamiento. Esto incluso podría generar el cierre de negocios que dependen enteramente del agua, como lavanderías de autos. Lo cual impactaría en el sustento de miles de personas, así como en el tejido urbano.
Más allá de la implementación de grandes obras de infraestructura
La gestión del agua en México y en el país debe ir más allá de la construcción de megaproyectos hidráulicos. Es fundamental reconocer y conservar el paisaje hídrico existente, así como los servicios ecosistémicos que cada región aporta. En lugar de seguir apostando por infraestructuras costosas y de alto impacto ambiental, es necesario replantear el ordenamiento territorial y fomentar una planeación urbana basada en la densificación inteligente. Evitar la expansión descontrolada permitirá desarrollar ciudades compactas con infraestructura eficiente, reduciendo así el consumo excesivo de agua. Asimismo, la zonificación de riesgo hídrico es clave para evitar construcciones en áreas de recarga de acuíferos o zonas vulnerables a sequías, garantizando la sostenibilidad de los recursos hídricos a largo plazo.

Además, es imprescindible integrar soluciones basadas en la naturaleza, como la infraestructura verde y la reutilización del agua. La implementación de parques de absorción, con suelos permeables y vegetación adecuada, contribuiría significativamente a la recarga de acuíferos y la mitigación de inundaciones. De igual manera, el uso de pavimentos permeables, como adoquines ecológicos o concreto poroso, ayudaría a reducir la escorrentía y mejorar la calidad del agua. Finalmente, incorporar de manera obligatoria sistemas de captación de agua pluvial en nuevas construcciones permitiría aprovechar el agua de lluvia para riego y sanitarios, disminuyendo la presión sobre las fuentes convencionales de abastecimiento.
A escala arquitectónica, la gestión sostenible del agua es clave para reducir la demanda de recursos hídricos y optimizar su uso. En lugar de depender exclusivamente de grandes infraestructuras centralizadas, la instalación de plantas de tratamiento descentralizadas en barrios o edificios permitiría reciclar aguas grises y negras para su reutilización en actividades no potables. Complementar esta estrategia con redes de distribución dual (separando el agua potable de la tratada) garantizaría que el agua reciclada pueda destinarse de manera eficiente a usos industriales, de riego y limpieza, disminuyendo la presión sobre los acuíferos. La regeneración de cuerpos de agua urbanos, a través del tratamiento de sus afluentes y la reforestación de sus márgenes, contribuiría a mejorar la biodiversidad y la calidad del agua en la ciudad.

A nivel de vivienda y edificación, la integración de baños secos y sistemas de reutilización de aguas grises reduciría significativamente el consumo de agua potable, aprovechando los residuos hídricos en descargas sanitarias o riego. El uso de mobiliario sanitario de bajo consumo, como regaderas, inodoros y lavabos con dispositivos de ahorro, permitiría minimizar el desperdicio sin sacrificar funcionalidad. Además, la implementación de sistemas de filtrado y purificación en los edificios facilitaría la captación y el tratamiento de agua de lluvia para usos no potables, promoviendo una mayor autonomía hídrica en las construcciones. El diseño de áreas verdes también juega un papel crucial en la conservación del agua. Apostar por vegetación autóctona y prácticas de xeropaisajismo favorecería la creación de espacios sostenibles con menor demanda de riego y mantenimiento, alineándose con las condiciones climáticas locales.
El agua como recurso compartido y responsabilidad colectiva
Para que estas estrategias sean efectivas, es fundamental contar con políticas públicas claras, educación y concientización ciudadana, así como una colaboración activa entre distintos sectores. Solo a través de un enfoque integral y coordinado será posible mitigar los efectos de la crisis hídrica y construir ciudades más resilientes y sostenibles.
No basta con conservar los sistemas naturales de regulación hídrica y promover estrategias sostenibles; también debemos cuestionar el modelo de desarrollo que seguimos. ¿Por qué hay grandes industrias instaladas en zonas donde el agua no es suficiente ni siquiera para los habitantes? ¿Por qué seguimos desechando al drenaje miles de litros de agua de lluvia que podrían reutilizarse? La crisis del agua no es solo un problema de disponibilidad, sino de gestión, equidad y prioridades. Garantizar un acceso justo y sostenible al agua requiere decisiones firmes y una transformación en la forma en que planeamos nuestras ciudades, utilizamos nuestros recursos y comprendemos nuestra relación con el medio ambiente.
La crisis hídrica en México no puede seguir negándose. Si bien el día cero puede parecer un escenario lejano o debatible en las distintas regiones de México, las señales de advertencia ya están aquí: escasez, desigualdad en el acceso, sobreexplotación de acuíferos y deterioro de los ecosistemas. La pregunta no es si enfrentaremos una crisis mayor, sino si estaremos preparados para afrontar lo que ya sucede el día de hoy.
Bibliography
Congreso de la Ciudad de México. (2021, Noviembre 16). Retrieved from https://www.congresocdmx.gob.mx/media/documentos/a4063fc366d98d4472b94af7b0baab1b3836d643.pdf
iingen. (2024). Instituto de Ingeniería UNAM. Retrieved from https://www.iingen.unam.mx/es-mx/AlmacenDigital/Gaceta/GacetaSeptiembre-Octubre2021/Paginas/funcionamiento-hidraulico-segunda-linea-conduccion-sistema-cutzamala.aspx



