Arquitectura que trasciende lo efímero

Foto de Óscar Hernández

El Pabellón del Vino en la FNSM 2025, diseñado por el arquitecto Luis Morán, se alza como un símbolo de innovación sustentable, colaboración local y proyección cultural para Aguascalientes.

“Queríamos una estructura que se pudiera montar rápido, que fuera sustentable y con posibilidades de trasladarse o reutilizarse”, afirma el arquitecto Luis Morán, director de LM Arqkylab, al referirse al Pabellón del Vino en Aguascalientes que este año fue uno de los actores principales en la feria Nacional de San Marcos 2025. Con tan solo tres semanas para su edificación, el proyecto representó un desafío técnico y logístico que fue superado gracias a un enfoque inteligente, colaborativo y profundamente arraigado en la identidad del estado.

La propuesta arquitectónica parte de una premisa clara: sustentabilidad real. “Planteamos un proyecto que estuviera realizado 100% con madera”, explica Morán, detallando que eligieron vigas laminadas de spruce, una especie cultivada en bosques certificados de México. Esta decisión no solo responde a una visión ecológica, sino que también abre una puerta para que el país aproveche más sus recursos y tecnología en este tipo de construcciones: “Tenemos en México una gran oportunidad de explotar este medio constructivo que en el mundo ya se ha convertido en algo realmente muy importante”.

Más allá de su impacto ambiental reducido, la estructura destaca por su capacidad de adaptación. Está pensada para ser modular, replicable y desmontable, cualidades que permiten su reubicación o expansión, según lo requiera el contexto. El diseño se basa en un triángulo equilátero de 12 metros —“simboliza un poco la iconografía de la ‘A’, y dentro de esa ‘A’ se contiene este gran tesoro que es la industria vitivinícola en crecimiento”, detalla el arquitecto—. Además, las armaduras internas remiten a las antiguas estructuras industriales de madera del ferrocarril, ligando pasado y futuro con elegancia y precisión.

El tiempo récord de ejecución fue otro de los grandes retos: “Solo lo levantamos en tres semanas. Fue realmente muy maratónico el proceso”, recuerda Morán. Esto se logró gracias al compromiso de un equipo multidisciplinario en el que participaron empresas locales y especialistas de diversas áreas: carpinteros, instaladores, herreros, diseñadores de iluminación y proveedores de paneles solares. “Hicimos un gran equipo muy comprometido, trabajando día y noche”, destaca.

El proyecto no solo refleja eficiencia y sostenibilidad, sino también una visión clara del espacio público. El pabellón está ubicado en un nodo icónico de la zona ferial, y fue concebido como un lugar abierto y accesible: “El mismo proyecto plantea esas puertas abiertas, esa transparencia… porque creo que es la manera de enfrentar este tipo de proyectos: brindándose hacia quienes los vamos a utilizar, para que nos apropiemos de él”. Para Morán, un diseño de este tipo debe generar un impacto más allá de lo estético o funcional: debe aportar al crecimiento económico, cultural y social del entorno.

Aunque se trate de una pieza de “arquitectura efímera”, su durabilidad no es limitada. Con mantenimiento adecuado, podría estar en uso durante 10 o 15 años. Así, el proyecto demuestra que lo temporal puede dejar una huella duradera cuando se combina la visión arquitectónica con un sentido profundo de propósito y pertenencia.

Arquitectos Luis Moran y Ana Martínez.

Para cerrar, el arquitecto agradeció a la revista Construye por la difusión de proyectos significativos: “Felicitarlos y desearles que continúen con esta labor por muchos, muchos años”. Y como su pabellón, su mensaje también tiene vocación de permanencia.

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